El obispo nicaragüense Rolando Álvarez reapareció públicamente este domingo en Roma durante la solemne toma de posesión del Papa León XIV como Obispo de Roma, en la Basílica de San Juan de Letrán. Su presencia marca un momento simbólico tras su excarcelación y exilio, en medio de tensas relaciones entre la dictadura de Ortega-Murillo y la Santa Sede

El obispo nicaragüense Rolando Álvarez participó este domingo en la solemne celebración eucarística presidida por el Papa León XIV en la Basílica de San Juan de Letrán, con motivo de su toma de posesión oficial como Obispo de Roma.
La ceremonia marcó un momento clave en el pontificado del recién electo Papa y fue la primera aparición pública de Álvarez en un acto litúrgico de esta magnitud desde su excarcelación y exilio forzado.
Durante la homilía, el Papa expresó su visión pastoral con palabras cargadas de humildad y compromiso. “Por mi parte, expreso el deseo y el compromiso de entrar en este vasto proyecto poniéndome, en la medida de lo posible, a la escucha de todos, para aprender, comprender y decidir juntos: ‘cristiano con ustedes y Obispo para ustedes’, como decía san Agustín”, dijo.
Una aparición significativa en medio del exilio
Aunque breve, la presencia de Álvarez no pasó desapercibida. Un sacerdote logró capturar imágenes en video de su participación, las cuales ya circulan ampliamente en redes sociales oficiales del Vaticano.
El obispo fue condenado por el régimen de Daniel Ortega en febrero de 2023 a 26 años y 4 meses de prisión por supuestos delitos de traición a la patria. En enero de 2024, el gobierno sandinista negoció con la Santa Sede su traslado a Roma, junto a otros prelados encarcelados.
Desde entonces, ha mantenido un perfil discreto, con una única aparición pública durante una entrevista con EWTN Noticias, medio que el régimen nicaragüense intentó vincular falsamente al Vaticano. En ese entonces, el régimen calificó al Vaticano de “depravado” y “pedófilo”, en uno de sus ataques más virulentos contra la Iglesia.
Las relaciones entre Managua y el Vaticano se mantienen oficialmente “suspendidas” y marcadas por una retórica agresiva. El papa Francisco, fallecido en abril de este año, denunció en vida la “dictadura grosera” de Ortega. En respuesta, el régimen acusó al Vaticano de formar parte del “conglomerado del fascismo”, expulsó a más de 46 sacerdotes y obispos desde 2018, y disolvió la orden jesuita -a la que pertenecía Francisco- en Nicaragua.
A pesar de esta hostilidad, Rosario Murillo, vocera del régimen, confirmó que se envió una delegación oficial a los funerales del papa Francisco, en un nuevo ejemplo del doble discurso que ha caracterizado la relación entre el sandinismo y la Iglesia. “Nuestras relaciones con el Vaticano, aunque accidentadas, no están rotas, están suspendidas”, insistió Murillo, contradiciendo sus propias acciones anteriores.
El Papa León XIV, elegido el pasado 8 de mayo, continuará sus actividades litúrgicas visitando la Basílica de Santa María la Mayor, donde rendirá veneración a la imagen de la Virgen María Salus Populi Romani, patrona de Roma.

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