
Daniel Ortega reapareció estrenando uniforme, para cambiar en la fotografía la chaqueta roja o azul. El dictador lució con rostro hinchado, ojos caídos, y visiblemente medicado. En un momento Rosario Murillo, hasta le levantó el puño.
En su discurso, con motivo del 45 aniversario de la Fuerza naval del ejército en Nicaragua, repitió su historia retorcida. Su reclamo a Naciones Unidas, recordó los fallos de la Corte Internacional de Justicia, sobre Colombia y Estados Unidos.
Ortega volvió a cuestionar la eficacia de Naciones Unidas y a insistir en la necesidad de una “unidad centroamericana” para enfrentar a los “yanquis invasores”. El mandatario, visiblemente deteriorado —con jadeos, voz cansada y sonrisas fuera de contexto que interrumpían su discurso—, pronunció un mensaje de 59 minutos marcado por divagaciones históricas y reclamos territoriales.
“Tenemos que defender la soberanía para tener paz, si defendemos la paz. Yo tengo la seguridad que se va a producir la unidad centroamericana y aquí tenemos a los comandantes de marina, cinco países incluyendo Nicaragua”, afirmó Ortega, insistiendo en que “queremos que se nos respeten a todos nosotros”.
Ortega, quien le hace la guerra a los nicaragüenses, dijo que “en el mundo falta tener un poco de respeto, de cariño, de paz” y sostuvo que las guerras actuales son impulsadas por “los poderosos, los señores de la guerra que tienen las armas atómicas”. Según Ortega, lo que facilitó la paz en Nicaragua fue que “los centroamericanos nos independizamos de España”.
Reclamos territoriales y fallos internacionales
Ortega recordó los dos fallos de la Corte Internacional de Justicia favorables a Nicaragua: uno contra Estados Unidos, por el que, según él, Washington debería pagar “17 mil millones de dólares por todos los daños que provocaron con la guerra”; y otro que respalda la delimitación marítima reclamada por Nicaragua frente a Colombia.
“Colombia ha reclamado tierra y aguas en la zona, está lejísimo de Nicaragua y de Colombia… con los colombianos fuimos a la Corte y ganamos… tenemos dos fallos a favor de Nicaragua”, afirmó.
“El presidente Petro nos mandó a decir que estaban dispuestos a atribuir la contraparte para que empezaran a delimitar lo que mandó la Corte. Estamos esperando”, afirmó tras mostrar comprensión en que por ahora ese país está en problemas.
Reescritura histórica y aliados militares
Ortega aprovechó para rememorar episodios históricos, desde la invasión filibustera de William Walker —“reconocido por el Departamento de Estado de Estados Unidos”— hasta el tráfico de esclavos bajo gobiernos “demócratas” estadounidenses. También reivindicó que la creación del Ejército nicaragüense no fue apoyada por Washington, sino por la Unión Soviética y Cuba.
“Era organizar un Ejército con las uñas”, dijo, al tiempo que subrayó que la Fuerza Naval se fundó en 1980.
Recordó viajes a la Costa Caribe con su hermano Humberto Ortega (muerto como prisionero) y Rosario Murillo, destacando que la autonomía regional fue una conquista de la Revolución Sandinista.
Sin embargo, su intervención estuvo marcada por cambios abruptos de tema, sonrisas descontroladas y saltos narrativos que iban desde litigios internacionales hasta anécdotas personales, reforzando la percepción de un discurso disperso y condicionado por su notorio desgaste físico.

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